Carta abierta a María Elvira Roca Barea

Imperiofobia

Estimada María Elvira,

El pasado sábado a la noche me acabé por fin tu libro. Quería escribirte para darte las gracias por escribir algo así. Cuando lo compré iba por la séptima edición, y tardé varios meses en empezar a leerlo porque tenía otras lecturas pendientes de terminar. Ahora que lo he terminado, he de decirte sin exagerar que tu obra maestra supone para la Historiografía sobre España, y también sobre la de Hispanoamérica, lo que para la Biología supuso “El origen de las especies” de Darwin. Tu libro supone un antes y un después en la comprensión de la Historia de España, y la repercusión del mismo es de onda larga, pues permitirá a los estudiosos de estas cuestiones en el futuro partir de tu análisis para posicionarse y, sobre todo, para investigar.

No he dejado de compartir pantallazos de sus páginas en mi cuenta de tuiter, y mucha gente que me sigue se lo va a comprar por ello. También he tenido algún que otro cenizo que defiende que tu libro conlleva una defensa de la leyenda dorada y que es nacional-católico o falangista. Hay que ser corto de miras, por no decir imbécil, para seguir con esos prejuicios. No es que hagas una defensa del Imperio Español, es que haces una exposición de la verdad histórica, y eso no deja en muy buen lugar a los Imperios competidores del nuestro, sin lugar a dudas. La Monarquía Católica Universal fue la heredera, en la Edad Moderna y en los comienzos de la Contemporánea, tanto de la Macedonia de Alejandro Magno como de la Roma de Augusto y Trajano. Esto escuece porque, como tú bien dices, una de las naciones políticas escindidas de aquel Imperio sigue llamándose España y ocupa el lugar geográfico donde se inició esa expansión Imperial, la Península Ibérica.

Solo disiento del último párrafo, en el que hablas de permanecer en la Unión Europea. Es una valoración prudente, presentista, pero que a la larga no está trayendo más que problemas a España, a pesar del apoyo del grueso de la UE a España con el tema catalán. Que, sin embargo, podría torcerse en el momento en que Kósovo entre en la Unión. Ya están Eslovenia y Croacia. Y magnífica tu exposición sobre la situación griega respecto de la deuda externa, la crisis económica y los favores históricos que Alemania recibió incluso tras el Tratado de Versalles. Alemania, ese gigante económico pero enano militar que resulta ser, en realidad, el lugarteniente de los Estados Unidos de (Norte) América en suelo europeo. Te faltó poner en el libro la famosa frase de Charles De Gaulle: “Me gusta tanto Alemania que prefiero que haya dos”.

Lo dicho, tu investigación titánica está teniendo un efecto histórico, transversal a ideologías y generaciones, que contados ensayos tienen en la Historia de una disciplina, trascendiéndola hasta volverse en un punto de inflexión para la vida de cualquier persona que quiera conocer quién es, de dónde viene y a dónde quiere, y puede, y debe, ir. En muchos puntos de tu ensayo coincides con otro libro que me marcó muchísimo, “España frente a Europa”, de Gustavo Bueno. Tu diferenciación entre Imperio y colonialismo (en Lenin, el Imperialismo es el término que acaba por definir la expansión colonial de finales del siglo XIX y principios del XX y a sus efectos en la economía capitalista de entonces) es la misma que realiza Bueno entre Imperio Generador (Macedonia, Roma, España, Estados Unidos, la Unión Soviética) e Imperio Depredador (Imperio Aqueménida, Portugal, Holanda, Inglaterra, el Tercer Reich). No es una diferenciación baladí, pues lo que diferencia a uno de otro es la reproducción de las instituciones políticas, económicas, culturales, sociales y culturales de la metrópoli en los territorios conquistados y el grado en que esa reproducción se desarrolla. Por supuesto, toda generación conlleva depredación (minas del Potosí) y toda depredación conlleva generación (como analizó Marx en su textos sobre la dominación británica en la India). Pero la norma de uno u otro determina qué línea, u ortograma que diría Bueno, es el predominante en la Historia de cada Imperio. Y cómo tú bien señalas, es entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando la Monarquía Católica Universal comienza a desarrollar modos propios del Imperio depredador, o colonial, si bien nunca en el grado extremo en que pudieron desarrollar holandeses, británicos, belgas o alemanes.

Lo dicho, tu investigación es prácticamente imposible de refutar. Y si alguien tuviera honestidad intelectual y quisiera refutarte, debería tener los arrestos para leerse entero el libro y, al menos escribir otro para hacerlo. Pero ducho mucho que eso ocurra. Solo realizarán escamoteos propagandísticos para tratar de desacreditarte, sobre todo por Internet. Pero no olvides una cosa: los tuits se los lleva el viento, los libros permanecen.

Gracias por permitirnos leerte. Ha sido un viaje apasionante. Pues has invitado a muchísimas personas, a través del libro, a cogerte de la mano y seguir aquella máxima de Antonio Machado:

¿Tú verdad?
No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guardatela.

Un gran abrazo.


10 comentarios on “Carta abierta a María Elvira Roca Barea”

  1. Ángel dice:

    Chapo 🙂

  2. Santiago, no hombre, no.

    Historiográficamente es un libro bastante débil que no dice nada nuevo o innovador. Consulta a cualquier historiador de la Edad Moderna. Historia nacionalista desfasada, muy de los años 60, con cierto complejo de inferioridad (su tono acusador contra británicos y protestantes es bastante sorprendente)

    Es un libro al que se le ha dado mucha publicidad por parte de el gobierno, especialmente el Ministerio de Asuntos Exteriores. Y la señora tiene una ideología muy marcada, y el libro es profundamente ideológico.

    Alguie nse ha tomado el tiempo de criticarlo con razones y referencias aquí.

    http://www.elgrifoinformacion.com/texto-diario/mostrar/789743/imperiofobia-leyenda-negra-medias-mentiras-medias-verdades-resena-esteban-mira-caballos

    • En el libro de María Elvira se centra en la Leyenda Negra porque la “Historia Negra” no se niega. Lo que se combate es la Leyenda en sí, como ideología, y con datos. Y la refuta. ¿Y cómo va a defender el Tribunal de la Inquisición los Derechos Humanos sino en esa época no existían? Los DDHH son una creación del siglo XX tras la Segunda Guerra Mundial. Juzgar el pasado desde los DDHH es anacrónico.

  3. José Luis López López dice:

    La obra de María Elvira es impresionante, excelente, necesaria. Y lo que voy a decirle a la autora es algo poco relevante. Pero, como la obra es “perfecta”, no quiero que ni este mínimo detalle empañe su “perfección”. Se trata de que, al referirse a la “leyenda negra”, señala que en el diccionario de la RAE (es decir, el DRAE) se define como “Relato desfavorable y generalmente infundado sobre alguien o algo”. Y es cierto. No sé si, cuando se publicó “Imperiofobia” por primera vez, todavía estaba vigente llamar a ese diccionario con el acrónimo DRAE. Pero desde hace años, ya no se desisgna así, sino DLE (Diccionario de la Lengua Española), ya que, al menos desde su penúltima edición, lo elaboran todas las Academias de la Lengua Española, unidas en eso que se llama ASALE. La admiradísima María Elvira es filóloga y profesora de Lengua Castellana y Literatura en un IES, y me sabrá perdonar, y hacer que se corrija este mínimo e insignificante detalle en las próximas ediciones de su indispensable obra. Soy un viejo profesor de Filosofía de la Universidad de Sevilla jubilado, y abuelo de una brillante promesa filológica que entrará en la Universidad, llamado Miguel (que ya ha leido, entusiasmado, “Imperiofobia”, y se siente orgulloso de intentar seguir el ejemplo de semejante maestra). Con respeto, admiración y gratitud, José Luis.

  4. José Luis López López dice:

    No se ha aceptado mi comentario. ¿Por qué? Yo solo decía que, puesto que la admirada María Elvira es filóloga, su referencia al DRAE (Diccionerio de la Real Academia Española) debería corregirse en próximas reediciones o reimpresiones de “Imperiofobia”, ya que, desde su última edición, el Diccionario, elaborado por todas las Academias de la Lengua Española (unidas en la institución llamada ASALE), se denomina DLE (Diccionario de la Lengua Española). Ya sé que es una observación menor, y pido disculpas por ello. Pero la magnífica obra de María Elvira no merece ni el más ínfimo “borroncillo”. Gracias.

  5. José Luis López López dice:

    ¿Por qué razón, como se dice, mis comentarios -el primero de 30 de junio de 2018- “todavía no se han moderado”? ¿Está el administrador de vacaciones?


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