Algunos comentarios a la charla de José Luis Pozo Fajarnés en la Fundación Gustavo Bueno

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El que fuera en su día presidente de Izquierda Hispánica (cosa que ha tratado de ocultar en numerosas ocasiones), José Luis Pozo Fajarnés, también conocido como Josechu, dio una charla el pasado día 22 de octubre en la Fundación Gustavo Bueno titulada “La idea de España en Marx“. A mi juicio, sería más óptimo haber titulado su comunicación como “La idea de España en Marx según José Luis Pozo Fajarnés”. Durante casi dos horas, Josechu trata de demostrar que Marx es “negrolegendario” en sus interpretaciones sobre España. Aunque los momentos en que trata de demostrar esto durante su conferencia son muy pocos, y lo que dice no amerita un comentario muy extenso, sí creo conveniente escribir algunas cuestiones al respecto de lo que afirma en su intervención:

  1. De los textos de Marx, en realidad, no se puede inferir ni que defiende la Leyenda Negra antiespañola ni la Leyenda Rosa. Es más, y en esto Fernando López Laso tenía razón, cualquiera que lea directamente los textos de Marx sobre España puede inferir el gran aprecio que tenía por nuestra nación. Marx aprendió español para leer directamente a autores españoles, así como el Quijote, obra que referencia en multitud de sus escritos durante toda su vida. Que hable de Jovellanos, o que comente cuestiones referentes a la filosofía ilustrada del siglo XVIII francés y cómo entró en España, no implica Leyenda Negra en ningún caso. En todos los escritos de Marx sobre España, destaca la viveza de la nación respecto de unos invasores franceses que no estaban preparados para la resistencia y el contraataque que se les avecinaba. Remito a mi libro El marxismo y la cuestión nacional española (El Viejo Topo, 2017) para leer las citas textuales de Marx y Engels en que hablan muy bien del pueblo español y de la Historia de España, criticando al resto de países europeos por juzgarla mal por desconocimiento. Las menciones a Pizarro, al Pacífico, al Imperio, a cómo narra con admiración la forma en que se conformaron las juntas antifrancesas durante la Guerra de la Independencia, las milicias, o a cómo se redactó la Constitución de 1812 y a cómo se conformaron las Cortes de todo el Imperio en Cádiz, no son en absoluto negrolegendarias. Como tampoco lo es la descripción de Marx de cómo las instituciones medievales, a pesar de Carlos I, se conservaron e influyeron en la construcción de la nación política española, tal y como afirmo en mi libro. Además, Josechu trata de hacer pasar por citas de Marx lo que son afirmaciones de Marliani o comentarios a pie de página de la edición de la Editorial Progreso de estos textos. No es la única vez en que, durante su intervención, actúa con mala fe para tergiversar argumentos que no le gustan, o directamente mentir.
  2. Que haya utilizado autores negrolegendarios como referencia, no implica que Marx sea negrolegendario. El sesgo de confirmación que Josechu realiza aquí le obligaría a sostener que como Marx leyó a Adam Smith, David Ricardo o William Petty para formarse en economía, entonces es defensor del capitalismo y es liberal. O que como se basó en Hegel es idealista. Algo que comparte con Luis Carlos Martín, en contraposición, como bien indicó Pedro Ínsua en el homenaje a Fernando López Laso en el Centro Riojano de Madrid, a lo afirmado por Doménico Losurdo sobre cómo Hegel, con su dialéctica, rompe realmente con la tradición idealista alemana. Parece ser que tomar datos o ideas de otros, aún transformándolos, te convierte en algo igual a ese algo. ¿Acaso Bueno es idealista por haber tomado ideas de Kant como el Ego Trascendental? Es curioso, porque eso es lo que defiende Juan Bautista Fuentes Ortega, a saber, que Gustavo Bueno es la última forma más refinada del idealismo alemán. No es mi tesis en absoluto, pero lo que hace Fuentes con Bueno y Kant es lo mismo que hace el “grupo de Talavera” (Josechu y Luis Carlos) respecto a Marx y Marliani en relación a la Leyenda Negra, o respecto a Hegel, por ejemplo.
  3. Dejar caer que Marx y Engels eran espías alemanes al servicio de Bismarck, o algo parecido, por su descripción de ciertos rasgos de España, o estar al servicio de Estados Unidos, es algo cercano ya a la conspiranoia anticomunista más propia de la Metapedia neonazi que de un filósofo materialista. Josechu podría citar la ingente cantidad de veces que, tanto Marx como Engels, ponen a parir a Alemania, y a la cultura alemana. En los dos tomos de sus Obras Escogidas, en La ideología alemana, La Sagrada Familia, etc., pueden encontrarse textos donde el absoluto desprecio a la lentitud, parsimonia y arrogancia de los filósofos alemanes ha hecho mella en el desarrollo cultural de esa nación centroeuropea, por no hablar de sus políticos, sus terratenientes y su torpe burguesía. Es obligado mencionar aquí que toda la parte final del tomo I de El Capital, sobre la acumulación originaria, es una descripción crítica de la reforma protestante en Europa, fenómeno que permitió el expolio de las propiedades comunales y personales de los campesinos de Europa central y occidental, y que con el colonialismo posterior se extendió a África y también a Asia. Es decir, Marx ha sido uno de los más furibundos críticos de la reforma protestante, y esto Josechu lo pasa por alto. Porque, según Marx, aunque el proceso de la acumulación originaria se inicia en el siglo XV y en Europa central y occidental, éste, si se identifica con un proceso histórico determinado, es con la reforma protestante (“Lutero quiso convertir a los curas en laicos, y acabó convirtiendo a los laicos en curas”, famoso quiasmo de Marx).
  4. Bueno dice, en Dialéctica de clases y dialéctica de Estados (El Basilisco, 2ª época, 2001, pp. 83-90), que la dialéctica de clases y de Estados es una sola y única dialéctica, y que no se puede subordinar la dialéctica de Estados a la de clases (que es lo que hace el anarquismo y el marxismo vulgar, en el que Josechu se formó en sus tiempos del PCPE), ni la dialéctica de clases a la de Estados (que es lo que hace Josechu hoy día, sustancializando la idea de eutaxia, como si el Estado fuese un teorema científico y en él no se produjeran luchas de clases). En la lucha de clases del marxismo se contempla la lucha de Estados, y no solo de manera residual, sino de manera constante, desde Marx hasta Mao, Stalin o, actualmente, por ejemplo, con la teoría del sistema-Mundo de Immanuel Wallerstein. No es lo mismo traducir el Manifiesto Comunista, en su frase inicial con “La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases” a traducirlo como “La historia de todas las sociedades que han existido es la historia de la lucha de clases”. En la primera traducción sí se puede entender a las clases como totalidades atributivas por encima de los Estados (las sociedades). En la segunda no. Los ejemplos de conspiraciones palaciegas (“instituciones” lo llama) que Josechu pone para negar la dialéctica de clases que Marx analiza sobre España carecen de fundamento, porque las descontextualiza del proceso histórico que Marx analiza. Es decir, el motor de la Historia no es la lucha de clases en sentido atributivo universal, en eso todos estamos de cuerdo. Pero tampoco lo es la lucha entre Estados sin contar con la dialéctica de clases, que es lo que hace él y alguno más. Esta eliminación de la dialéctica de clases del análisis, que es constante desde hace años por su parte, y que Bueno nunca realizó, emborrona el análisis y, en vez de asimilar el materialismo histórico de Marx porque, si no, se es precopernicano (cosa que Bueno afirmó en la entrevista que le hicieron en la que afirma que mataría al etarra Barrios con sus manos), lo que realiza Josechu con el materialismo histórico es distorsionarlo, hacerlo irreconocible, convertirlo en una caricatura más propia de partidos como aquel en que se formó, el confederal PCPE, que en marxismo de verdad. Y de ahí que sea absurdo afirmar que formarse en marxismo sea estar en una escuela de cuadros de un Partido de la época. La formación en marxismo en esos partidos españoles era mala, y Josechu sigue arrastrando esa mala formación en marxismo hasta hoy día.
  5. Si me amenaza con publicar algo sobre mi libro, podría hacerlo sin mala fe y con más sustento. Es decir, doy por hecho de que se lo ha leído. Pero miente haciendo afirmaciones sobre cosas que yo digoen el libro  y que no son así. En primer lugar, yo no afirmo en el libro en ningún momento que los escritos de Marx sobre España no llegaran hasta 1998. Lo que afirmo es que no fueron traducidos por completo, incluidos los de Engels, y en buena traducción, hasta 1998. Y hago una relación de traducciones anteriores. Por cierto, la de 1980 de Planeta es cierto que no la menciono en el libro, pero si Engels se refiere al mismo quinto periodo revolucionario que yo menciono en el libro (el Sexenio Democrático de 1868-1874), esto me congratula, porque significa que he aplicado correctamente el método del materialismo histórico a la Historia de España. Josechu vuelve a mentir cuando dice que yo afirmo que el krausismo taponó la entrada de Marx en España. Yo no digo eso en el libro. Lo que digo, y esto es una afirmación de Bueno que Josechu se calla, es que el krausismo taponó la entrada de Hegel en España, que las izquierdas anarquista y socialdemócrata bebieron más del krausismo que de Hegel, y que estas formaciones sociales acabaron mezclando ideas de Krause con Marx, con Bakunin, etc. También miente, o mejor dicho, manipula mi afirmación sobre la Leyenda Negra en relación a la no construcción de un marxismo netamente español. Si entendemos la Leyenda Negra como una superestructura ideológica que, según María Elvira Roca Barea, es hegemónica desde el siglo XVIII vía borbónico-francesa, es evidente que ha sido imposible hasta ahora la construcción de un marxismo español, que defienda el modelo de Estado propio de esta corriente filosófica (república unitaria centralista, de corte jacobino). Porque un izquierdista que ha asimilado la Leyenda Negra española no puede más que ver como “facha” lo que Marx decía sobre España o lo que Lenin y Stalin decían sobre el federalismo y el separatismo. Es decir, la Leyenda Negra es una superestructura (idea que el materialismo filosófico cogió de Marx) contra la que hay que luchar. Y si el marxismo sirve para ello y con gran potencial, como reconoció Carlos Madrid en el homenaje a Fernando, ¿por qué Josechu se lo quiere cargar? Por otra parte, afirmar sin probar que ve maniqueísmo izquierda-derecha en mi libro, cuando no hablo en absoluto de esos dos mitos en él, y precisamente en un libro que es, ante todo, una crítica radical a las izquierdas españolas de inspiración marxista, solo lo puedo contestar con el famoso verso del pasodoble taurino: “Manolete, Manolete, si no sabes torear, ¿pa qué te metes?”. Probablemente, estas medidas de distracción al personal para que no me lean, y este intento fútil de desprestigiarme, diciendo cosas que no digo en el libro, no lleguen a mucho. Pero no dicen nada bueno del sujeto operatorio con sistema nervioso central, u ovoide z, que las ha producido. Que escriba lo que quiera. Mi libro ya supone una refutación anticipada de todo lo que pueda decir.
  6. España no fue Imperio Colonial hasta finales del siglo XVIII, cosa que Bueno afirma, y precisamente por asimilación de las formas de organización imperial francesas. Por tanto, es pertinente que Marx pueda hablar de colonias, si bien España en esa época nunca llegó al grado de depredación de Francia, Holanda o Inglaterra. Josechu podría haber mencionado cuando Marx afirma que los españoles fueron más magnánimos con la población que conquistó en América que los ingleses o los franceses con las suyas. Está en los Grundrisse, puede buscarlo.

Conclusión:

En esta versión de la manida “vuelta del revés de Marx”, en la que se pone a Marx a hacer el pino y a comerse la tierra del suelo, José Luis Pozo Fajarnés trata de demostrarnos lo que ya en su día me dijo el bloguero y, también como él, ex-miembro de Izquierda Hispánica, “Felguerinos”: que “Marx no encaja en lo hispano”. Aunque el proletariado en Rusia no era mayoritario socialmente como el campesinado, sí pudo organizar la revolución comunista aliada con los campesinos a través de la organización del Partido. ¿Cómo es posible que nunca hubiese habido ni una sola revolución obrera en el mundo y, sin embargo, hacia 1979, 25 naciones políticas del planeta, incluidas China y la URSS, fuesen comunistas? Si dejamos de lado de estos procesos a Europa del Este tras 1945, y salvando a Yugoslavia, ¿acaso la extensión universal de la revolución proletaria defendida desde la URSS debía realizarse, solo, mediante procesos revolucionarios iguales al de octubre de 1917? ¿Desde cuándo el materialismo histórico es incompatible con la geopolítica? Quizás Josechu tuviese, en su juventud en el confederal PCPE, una idea marxista vulgar, pseudotrotskysta o guevarista, de la extensión del socialismo. Pero lo cierto es que los partidos comunistas en el poder, ya fuese por proceso revolucionario clásico, por guerra civil (revolucionaria) o por transformación tras elecciones como en Polonia o Hungría, organizaron a los productores de valor y plusvalor (campesinos, obreros), en la gestión del Estado en un tipo de orden social que, para bien y para mal, fue el único que realmente puso en jaque al modo de producción capitalista en todos sus siglos de Historia. Y todo esto es compatible con la acción imperial generadora de la URSS en su día.

Lo que está claro es que José Luis Pozo Fajarnés, Josechu, desde los tiempos en que pedía “una solución dialógica a Euskal Herría” (1997) hasta los actuales en que afirma que Marx era “negrolegendario”, y pasando por su defensa de Gorbachov durante las Jornadas sobre la Caída de la URSS que Izquierda Hispánica organizó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense en febrero de 2012 (defensa muy común en el PCPE, o PC., en que militó en los ochenta) siempre ha mantenido la misma constante: que no se entera de lo que es el materialismo histórico.

P.D.: Fernando López Laso siempre me dijo que Marx fue un gran hispanista. Y llevaba razón.


3 comentarios on “Algunos comentarios a la charla de José Luis Pozo Fajarnés en la Fundación Gustavo Bueno”

  1. Javier Bermejo dice:

    Lo primero decir que me extraña que nadie haya comentado tu entrada con anterioridad, ni para apoyarte ni para contrariarte. Deduzco de ello que la polémica buscada por José Luis Pozo Fajarnés no ha cuajado. No voy a hacerlo yo tampoco. Sólo quería felicitarte por tus exposiciones en charlas y conferencias, lamento decir que libros tuyos todavía no he leído. Pero lo haré, más tarde o más temprano.

    No obstante quería pedirte alguna lectura recomendada para entender el materialismo histórico, que no creo haber terminado de entender durante mis ligeras investigaciones.


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