"La criminalización de las resistencias como última estrategia desarrollista de despojo en América Latina", libro editado por el CEAR y CICCUS, Argentina

La criminalización de las resistencias como última estrategia desarrollista de despojo en América Latina
Ciccus (Buenos Aires)
Año: 2018
Compiladores: Rocío Pérez Gañán y Gustavo Zarrilli
ISBN: 978-987-693-769-6
Formato: Digital PDF
Páginas: 235
Índice
Introducción, 8
Rocío Pérez Gañán y Gustavo Zarrilli
Artículos
Territorio y re-existencia: alter-nativas al neo-extractivismo
hegemónico: caso mujeres-lideresas wayúu, 17
Rosa María Duro Montealegre
Geografías del despojo: territorios y resistencias campesinas en el
Magdalena Medio, Colombia, 41
Sandra Lucía Poveda Galeano
¿Quién decide qué es el progreso?, 66
Laura Fontana Sierra
Batuques sagrados e profanos: samba e carnaval como espaco de
resistencia das religioes afro-brasileiras, 97
Syntia Alves
Amazonía peruana: disputa por el territorio en torno al extractivismo
en hidrocarburos en Madre de Dios (2006-2015), 116
Andrea Soledad Cardoso
Dinámicas territoriales y Buen Vivir, 138
Patricio Carpio Benalcázar
La (re)producción de la etnicidad en las lógicas estatistas del
Buen Vivir y del Vivir Bien: representaciones, ventriloquías y
resistencias de los pueblos originarios en la cotidianeidad
 institucional, 156
Rocío Pérez Gañán
Transformaciones en la Argentina rural. Disputas socio-ambientales y
avance de la frontera agrícola en Chacho y Formosa (1980-2015), 181
Adrián Gustavo Zarrilli
¿Existe todavía el proletariado en la América Latina del siglo XXI?, 210
Santiago Armesilla
Sobre los autores, 233
INTRODUCCIÓN
Rocío Pérez Gañán
CONICET/CEAR, Universidad Nacional de Quilmes
Gustavo Zarrilli
CONICET/CEAR, Universidad Nacional de Quilmes

“Pareciera que la Campaña del Desierto continúa con otros rostros, pero con los mismos objetivos; las crías del general Roca continúan marginando, persiguiendo, matando y robando los territorios a los pueblos indígenas”.
Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, Argentina 

Los paradigmas culturales dominantes han buscado, en cada periodo correspondiente, la manera de integrar en sus patrones de desarrollo y representación a las clases sociales subalternas y a los pueblos indígenas y afrodescendientes para que estos asuman los códigos de conducta, de consumo y de intelección del mundo propios de la clase dominante occidental. La fuerza y expansión de esta integración (asimilación, aculturación) ha ocasionado que las y los sujetos de estas categorías se hayan ido incorporando a estos patrones por una dinámica de supervivencia y por tener, de alguna manera, una voz. Sin embargo, coexisten junto a esta asimilación cultural infinidad de procesos heterogéneos de resistencia que van a conformar un abanico de interrelaciones e identidades en continua tensión en torno a las nociones y formas en que estas poblaciones y los territorios en los que se asientan eran –y son– concebidos y representados a través de la mirada de la modernidad y el desarrollo. Estas “tradiciones de resistencia” de clase, etnia –y transversalmente de género– en América Latina van a estar ligadas a formas particulares en las que la modernidad fue impuesta mediante un continuum progresivo de civilización y desarrollo –con “éxitos” o “fracasos”–, que permiten comprender la larga duración de algunos de los procesos que han enfrentado estos territorios y ver “los tipos de resistencia que se han planteado a la forma de modernidad impuesta” (Llanos, 2009: 99).
En este sentido, siendo conscientes de la heterogeneidad que Latinoamérica presenta, puede señalarse que la modernidad ha sido implementada en el marco del “desarrollo de la división internacional del trabajo”, presentándolo como la única alternativa frente a lo salvaje, atrasado o indígena (Ídem). La expresión material de la modernidad capitalista se estableció, entonces, “(…) en relación con el imperialismo científico y cultural” y en el progreso de la industria y sus máquinas (alterando las formas de entender la temporalidad local) transformando no solo las relaciones entre el individuo (en su dimensión económica y política) y el Estado, sino convirtiéndose en una forma de paradigma, al implicar “una forma de ver tanto al individuo, como a su entorno, incluyendo, por supuesto, su pasado, presente y futuro y su relación con los otros” (Ibídem: 102).
Estas narrativas han continuado hasta la actualidad. A pesar de la visibilización de historias múltiples más allá de un relato único, este ejercicio no ha conseguido acabar con la narrativa del desarrollo. No hay un solo desarrollo, hay muchos, pero sigue siendo necesario desarrollarse. Este imperativo de desarrollo va a justifi car en los estados actuales de América Latina un ejercicio constante de enfrentamiento hacia las resistencias y alternativas existentes que van a ser representadas como opuestas a un progreso social común, es decir, enfrentadas al desarrollo. A lo largo de la Historia ofi cial (y homogeneizada) de América latina, estas poblaciones en resistencia han sido representadas como “vagas”, “ociosas”, “atrasadas”, “indisciplinadas”, “mano de obra” y, a la vez, como “rebeldes” y “revolucionarias”. De este modo, para poder mantener el status quo que imponía la modernidad en los planos políticoeconómico del desarrollo, las distintas élites construyeron una “lógica marginalizante” y criminalizante donde las representaciones de inferioridad buscaban legitimar la marginalización de amplios sectores de la población de los benefi cios de la modernidad, es decir: “operaban como cartas, esta vez ‘científicas’, de justificación del orden oligárquico” (Ibídem: 109-110).
Extrapolando las ideas de Andrés Guerrero (1994) podemos señalar que, a través de los mecanismos de la globalización y su aparato del desarrollo, las poblaciones campesinas, obreras (más recientemente) y, especialmente, indígenas han transitado por varias formas de gestión biopolítica: de “peones/indios/esclavos tributarios” a “sujetos/indios/negros” del Estado, de ahí a sujetos/indios/negros de las haciendas, a ciudadanosétnicos y, finalmente, a conformarse como sujetos-actores institucionales de los organismos multilaterales y de las ONG’s (Polo Bonilla, 2009). Gestión biopolítica que ha obligado a una ventriloquía (Guerrero, 1994) de estas poblaciones en resistencia para hacer entender sus demandas y situar su condición socio-cultural, política y económica en la esfera pública. No obstante, este posicionamiento en el campo político no ha sido unidireccional sino recíproco, fruto de un proceso inacabado de largas luchas y resistencias indígenas y campesinas en un primer momento, junto a otro tipo de movimientos sociales incorporados paulatinamente (García Linera et al., 2005; Assies, 2006; Gutiérrez, 2008). Actualmente estos procesos de lucha y resistencia están sufriendo un aumento en la confl ictividad. Para Martí i Puig y Bastidas (2012:28), las razones de este cambio en la confl ictividad pueden estar relacionadas con la tensión que se genera entre universalidad y particularismo, presente en las agendas políticas y económicas de los actuales gobiernos. En este sentido, existe un problema en aunar las agendas globales (universales) de desarrollo y políticas públicas (fi nanciadas a través de las commodities y el modelo neo-extractivista) con las agendas más particulares que critican abiertamente este modelo de desarrollo. Documentos de distintas organizaciones de derechos humanos están alertando del peligroso aumento de esta conflictividad. El informe 2016 de Front Line Defenders denunció el asesinato de 281 defensores y defensoras de derechos humanos (sociales, territoriales y ambientales) en 2016 (125 más que en 2015) de cuales el 49% defendían la tierra, los derechos de los pueblos indígenas y el medio ambiente, 222 sólo en América latina y Centroamérica (Front Line Defenders, 2016). Por otro lado, el informe Global Witness 2017 señala que 200 líderes y lideresas del medioambiente y la tierra fueron asesinados, situándose un 60% del total en América (Colombia y Brasil principalmente) y perteneciendo un 40% de las víctimas a pueblos originarios (Global Witness, 2017). En el 2017, en América la cifra alcanza ya más de 100 asesinatos [Datos estimativos presentados en prensa por organizaciones como la plataforma política Marcha Patriótica, Indepaz o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)]. Y los homicidios son la última expresión de una continua serie de desapariciones forzadas, persecuciones y campañas de desprestigio y criminalización en todas las instancias y ámbitos de la vida.
En este difícil contexto, este libro pretende realizar aportaciones significativas a través de un conjunto de trabajos en una articulación academia-acción en aras de un diálogo compartido y una visibilización de experiencias interseccionales de resistencia, lucha y resilencia en distintos territorios de América Latina.
Los dos primeros ensayos se centran en dos espacios específi cos en el territorio colombiano: en La Guajira y en la región del Magdalena Medio. Rosa Duro, en diálogo con mujeres y lideresas wayúu en La Guajira, se pregunta por la relación ancestral que los pueblos originarios han mantenido con el territorio, requisito consustancial para su supervivencia como naciones diferenciadas, de acuerdo con modelos propios de desarrollo. Alternativas ancestrales que se ven amenazadas por el modelo hegemónico neo-extractivista y que evidencian confl ictos de intereses entre visiones y cosmovisiones sobre el signifi cado del desarrollo y sobre los usos, funciones, formas de habitar y relacionarse con el territorio. En el centro, se sitúa el territorio, matriz a partir de la cual los movimientos de base étnica articulan sus discursos y demandas en la búsqueda de su reconocimiento como pueblos, de la protección de derechos colectivos y diferenciados y de la puesta en práctica de modelos de desarrollo propios, que basados en la identidad, garanticen su re-existencia cultural. En este sentido, los pueblos indígenas se visibilizan en el plano glocal retando al modelo hegemónico como agentes de su propio desarrollo en la defensa y protección de sus derechos desde la mirada étnica, originada en su cosmovisión, recuperando la fi losofía del Sumak Kawsay. Los movimientos sociales de base étnica moldean así sus procesos de re-existencia cultural, en los que la mujer indígena juega un rol esencial. En este trabajo se analiza el caso del liderazgo de las mujeres y lideresas wayúu, sujetos sociales y políticos colectivos en y por la defensa de la vida y del territorio ancestral, en el contexto amenazante a la supervivencia cultural de este pueblo, que plantea el extractivismo carbonífero en el territorio Wayúu, en La Guajira, Colombia.
Por otra parte, Lucía Poveda se sumerge en el contexto colombiano tras la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el 2016, preguntándose si la sociedad colombiana ha recibido un nuevo impulso para dejar atrás el largo conflicto de más de 50 años. En la búsqueda de soluciones, se ha afi rmado que la disputa por el territorio es el centro del confl icto, por lo tanto también se encuentra esta disputa en el centro del proceso de construcción de paz. La autora reflexiona a la luz de los procesos ocurridos en la región del Magdalena Medio sobre la realidad del despojo de territorios en Colombia, las alternativas que desarrollan las organizaciones campesinas para su defensa y las posibilidades de solución que presenta la situación actual de transición para las poblaciones rurales. Con base en la evidencia empírica de algunos procesos organizativos en la región del Magdalena Medio, se plantea que las comunidades campesinas no han sido pasivas frente a la violencia y el despojo vivido sino que, por el contrario, han sido sujetos en resistencia para la defensa del territorio y el respeto de sus vidas, demostrando el gran potencial para participar en el proceso de transformación del conflicto rural.
Laura Fontana se pregunta “quién decide qué es progreso” mientras analiza la criminalización de las respuestas de las comunidades mapuches del Lof Trankura ante la posible construcción de la Central Hidroeléctrica de Añihuerraqui –proyecto de desarrollo de capital extranjero en la zona de Curarrehue, Chile–, incidiendo en las posibles afectaciones que esta incursión pudiese tener en las actividades económicas de la población, así como en el surgimiento de emprendimientos propios en la línea del turismo comunitario, considerados como propuestas que se ofrecen desde las comunidades en contraposición a dicho proyecto. La autora cuestiona asimismo si estas iniciativas presentadas por las comunidades encajan en el marco de conceptos como el Etnodesarrollo y el Buen Vivir, alternativas políticas y económicas que defienden el acercamiento a un desarrollo desde la base en armonía con el entorno y la cosmovisión de los actores locales.
Syntia Alves trabaja la samba y el carnaval en Brasil como expresiones de resistencia de la población afrodescendiente desde la idea durkheniana de facto social. En el caso de la sociedad brasileña, la autora señala que analizar las fi estas es fundamental para que se comprenda la historia y la cultura de un país mundialmente representado como “fiestero”; no obstante, es necesario abordar la samba y el carnaval brasileño no solamente como ejemplos de folklore u ocio, sino como elementos imprescindibles para comprender las relaciones de opresión y resistencia de la sociedad brasileña.
Andrea Cardoso profundiza en las problemáticas del extractivismo de hidrocarburos en Madre de Dios, donde la Amazonía sur peruana sigue siendo escenario de confl ictos sociales entre los pueblos indígenas que allí viven y los capitales transnacionales que inician o continúan sus actividades de exploración y explotación de recursos naturales en territorios ancestrales. Si América Latina es, en esta metáfora, un cuadro de muchos cuadros –señala la autora citando a Roitman Ronsenmann–, la Amazonía lo es también y, más aún, la Amazonía peruana, que lejos de ser una unidad homogénea se conforma como una heterogeneidad en todas sus esferas. Cardoso rescata dentro de esta pluriversia el común desarrollo de la vida de las comunidades amazónicas en torno a la vida del río, sus cuencas y sus vertientes. Esto le permite abordar la disputa por el territorio que llevan a cabo los distintos sujetos sociales que allí, en plena Amazonía, se desarrollan y, de alguna manera, resisten. 
Patricio Carpio Benalcázar propone una línea crítica de análisis del desarrollo en la que trata de demostrar que el paradigma “modernización y desarrollo” está construido sobre cuestionadas bases político ideológicas y con intereses directos para consolidar un sistema global, capitalista, con centros dinámicos y periferias articuladas con relaciones asimétricas; es por ello vital que desde nuestras propias realidades podamos encontrar caminos originales y concertados de desenvolvimiento, y autónomos de los centros de acumulación capitalista. Para ello, se centra en el análisis territorial como eje sustancial de la construcción del Buen Vivir en Ecuador. En este sentido, el territorio se conforma como un actor multifacético, con intereses y necesidades complejas, que requiere de un entendimiento sistémico para una equilibrada relación con las necesidades e intereses de los humanos; es una fracción de la naturaleza apropiada por un colectivo humano para constituir-reproducir su comunidad, proceso dialectico que genera identidad, simbolismos, cultura. A los procesos de cambio y adaptación que conlleva el territorio los denominamos “dinámicas territoriales”, cuyas especifi cidades –siguiendo a Gilles Deleuze– se defi nen como procesos de territorialización, desterritorialización o reterritorialización. Esta entrada permitirá entender en profundidad los conflictos socio-ambientales que se están generando en Ecuador y, extrapoladamente, en América latina, y dialogar en la necesidad de impulsar el Buen Vivir como paradigma de sustentabilidad entre humanos y naturaleza y desechar el extractivismo como modelo de desarrollo del subdesarrollo.
Rocío Pérez Gañán analiza, también en la zona andina, cómo la (re)producción de estatalidad que se produce en las interacciones entre el Estado y los pueblos originarios en las instituciones cotidianas como procesos que suelen pasar desapercibidos, genera sin embargo, en estos espacios, unas representaciones de las poblaciones nativas que van a permear el resto de las esferas de la vida. Según la autora, los Estados de Ecuador y Bolivia –herederos de discursos y prácticas coloniales (reproducidos también desde un colonialismo interno)–, han construido un imaginario de lo que es un buen indígena dentro de sus marcos plurinacionales y multiculturales y como experto y garante de este imaginario despliega estrategias precisas para situar lo indígena en su interior. Así, el buen indígena es aquél o aquélla que necesita desarrollo, el tipo de desarrollo al que adscribe su correspondiente Estado. Por el contrario, el mal indígena es aquél que se resiste, que se enfrenta a las formas tradicionales –y no tan tradicionales– de desarrollarse. Para crear estas imágenes de “lo indígena”, las instituciones cotidianas van a generar nos discursos y prácticas que incidirán en esta necesidad de desarrollo tutelado, criminalizando aquellas narrativas de resistencia u oposición frente a este desarrollo.
Gustavo Zarrilli aborda la expansión de la frontera agrícola en la Argentina, motorizada fundamentalmente por la expansión del cultivo de soja, que ha producido una de las mayores transformaciones económicas, sociales y ambientales en la historia del país. Simultáneamente, señala el autor, la tasa de deforestación de bosques nativos –relacionada fuertemente con el proceso citado– llegó a superar varias veces el promedio mundial –con enormes impactos en la biodiversidad y en las comunidades rurales tradicionales campesinas e indígenas–. Específi camente, el nordeste de Argentina es una de las áreas donde la soja emerge como una de las principales actividades agrícolas y donde la situación social revela, coincidentemente, los niveles de pobreza e indigencia más altos del país. En la región, la agricultura familiar y los pequeños productores están desapareciendo, mientras continúa la emigración rural hacia los asentamientos pobres de las grandes ciudades, en un contexto donde centenares de pueblos rurales están en proceso de extinción. En este marco, la discusión central del problema socio-ambiental reside en una lucha por la apropiación de la renta proveniente de los recursos naturales. Esta cuestión revela también la incapacidad del mercado y del Estado para valorar monetariamente determinadas externalidades, lo que lleva a las empresas a privatizar los benefi cios y a socializar los costos ambientales.
Finalmente, abordando directamente la cuestión de clase, Santiago Armesilla se pregunta si existe todavía el proletariado en la América Latina del siglo ʚʚʋ. La derrota del comunismo en la Guerra Fría ha conllevado que las categorías políticas, históricas y sociales que manejaba fueran sustituidas, en muchos ámbitos, por las categorías filosóficas postmodernas. Esta sustitución ha sido también asumida en América Latina, lo cual tiene expresión en la acción administrativa y ejecutiva de diversos Gobiernos. Sin embargo, el marco conceptual marxista, que maneja categorías como clase social, burguesía, proletariado, etc., y debido al desarrollo de la actual división internacional del trabajo, sigue siendo válido para el Mundo en general, y para Latinoamérica en particular. En Latinoamérica, a partir de la cartografía que presentamos en este breve ensayo, la plausible reorganización futura de las fuerzas políticas asociadas históricamente al proletariado podrá localizarlo allí. A través de estos nueve textos, este libro ha intentando abordar problemáticas presentes en todo el contexto latinoamericano en relación a formas de marginalización y criminalización de las resistencias territoriales y de las luchas por la defensa de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, derechos universales que están siendo sistemáticamente vulnerados por la continua estrategia desarrollista de despojo en América Latina.
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